SEGUIR NADANDO

Retomo este blog tras varios meses de haberlo dejado sin explicaciones ni despedidas. Sencillamente, me he visto obligada a ello debido a un tropezón que me he encontrado en mi proceso. Lo retomo, de hecho, aún desde el hospital. Y es que a veces la vida te obliga a hacer parones que pueden resultar pequeños inconvenientes, de los que crees que puedes acabar aprendendiendo algo, pero otras veces vives como verdaderas puñaladas traperas, golpes a la línea de flotación, ataques sin sentido a lo que creías que era el sentido de tu vida. Y te preguntas: “¿y por qué a mí?”. Y te desesperas, porque no encuentras el final de tanto sufrimiento. A veces tus conocidos te dicen, tratando de animarte, la frase “¡tú eres fuerte y puedes con esto!”. Y no sientes que te entiendan, porque no es que seas fuerte ni dejes de serlo, es, sencillamente, que no te queda otro remedio.

Porque no queda otro remedio. Seguir nadando. Es muy difícil, el desánimo acude y lloras, a veces con amargura y desesperación, a veces de forma liberadora. Otras veces no tienes ni ganas ni fuerzas para llorar. A menudo te tranquilizas y encuentras la esperanza y la serenidad. Toda una montaña rusa en la que esperas que, al final, triunfe lo bueno y acabes pudiendo vivir una vida tranquila, porque, de pronto, todo se ha hecho tan sencillo que eso es a todo lo que aspiras.

Creo que en eso se resume el paso por un proceso de enfermedad o una situación crítica. En seguir nadando, sin planificar ni exigirse demasiado.

Publicado por Maite Guerrero Briz

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MI AVENTURA EN LAS URGENCIAS DEL DCCU

Durante cuatro años de mi vida, trabajé en el DCCU (Dispositivo de Cuidados Críticos y Urgencias), concretamente en el DCCU Chana. Son esos profesionales del SAS (Servicio Andaluz de Salud), que cuando están de guardia visten uniforme azul, y mantienen los puntos de urgencias extrahospitalarios cuando el centro de salud no las cubre; y que además van en equipos, en una ambulancia medicalizada, a los domicilios, a la vía pública, al restaurante, al comercio… Son profesionales que están siempre en donde haga falta y cubren demandas de cualquier usuario y de cualquier prioridad. Para quien no lo tenga claro, son equipos distintos de los de 061, equipos preparados para atender a las emergencias, a las prioridades 1, dotados de UVIs móviles y helicóperos. Lo cual no impide que, en caso necesario, los DCCUs atiendan también las emergencias, de hecho lo hacen con frecuencia, cuando las unidades 061 no están disponibles.

El DCCU Chana forma parte de algunos de los años más importantes de mi vida. En los bajos del Centro de Salud Chana he llorado, he reído, me he enfadado, he hecho grandes amigos, he vivido el compañerismo y la complicidad, he sufrido atendiendo a pacientes en situaciones muy difíciles, me he desesperado viendo la sala de espera llena, he pasado noches prácticamente en vela, o he celebrado Nochebuenas muy especiales. En la ambulancia (Dios, ¡cómo me gustaba la ambulancia!) he recorrido la ciudad y los pueblos atendiendo con mi equipo (un enfermero, un técnico de emergencias y un médico) todo tipo de situaciones, desde verdaderas emergencias vitales (nunca olvidaré la primera parada cardiorrespiratoria que atendí, que resolvimos con éxito y mucha alegría), hasta cualquier tipo de circunstancia: el asmático que no respira bien, un accidente de tráfico, una abuelita que se agita confundida en su demencia, un paciente moribundo en crisis familiar, el dolor que se vuelve insoportable por la noche, sobre todo cuando lo acompaña la soledad… Innumerables situaciones que marcaron toda una época de mi vida, llena de trabajo y sacrificio, pero, al mismo tiempo, de apoyo mutuo y, porqué no, buenos ratos de felicidad y satisfacción.

Ahora me parece curioso que un trabajo tan sacrificado sea capaz de aportar a mi vida tan buenos momentos, recuerdos tan especiales, y que pueda evocar aquella etapa de mi vida con todo mi cariño. Eso es lo que quiero decirte hoy. Intenta sacar todo lo bueno de todo lo que hagas, a veces es difícil pero te aseguro que es posible. Cuando tienes que enfrentarte a una situación difícil o inevitable, presenta tu mejor cara y disfruta lo que puedas.

Sólo puedo tener palabras de agradecimiento al DCCU, y a todos mis compañeros y amigos, que formaron parte de aquella entrañable etapa de mi vida en la que tanto disfruté, sufrí y aprendí, en la que llevaba un uniforme azul y recorría con mi equipo las calles de Granada en una ambulancia.

 

Publicado por Maite Guerrero Briz

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¡IMPROVISA! VIVIR SIN CREARTE EXPECTATIVAS

A menudo sufrimos decepciones, no nos sentimos correspondidos, nos desilusionamos porque las cosas no salen como esperábamos…, así es como vivimos con frecuencia en la frustración. No hace tanto yo me comportaba así, si tenía un plan de viaje, o de ir con amigos, o estaba preparando algún proyecto de trabajo…, casi siempre tenía en mi mente una idea preconcebida de cómo esperaba que fuera todo, eso me obligaba a tenerlo todo controlado para que fuera perfecto o a ir replanificando si había algún fallo sobre lo previsto. ¡Ahora me doy cuenta de que era agotador!

Solemos crearnos demasiadas expectativas sobre lo que creemos que va a ocurrir. Cuando pensamos en algo que tenemos por delante lo hacemos imaginando, deseando o temiendo lo que va a pasar antes de que ocurra; y luego, la mayoría de las veces, ocurre algo distinto. Eso nos lleva unas veces a la frustración por lo mal que han salido las cosas, o, en el caso contrario, a llevarnos un sufrimiento innecesario. De hecho, con frecuencia pasa que un plan improvisado es el que mejor sale, el que mejor sabor de boca nos deja. Una película que no pensábamos ir a ver acaba siendo una de nuestras favoritas, un paseo improvisado nos muestra la puesta de sol más bonita, encontrar a unos amigos de forma inesperada acaba siendo el plan más divertido del año.

Curiosamente, a lo largo de estos meses, en los que mi camino me ha obligado a no poder planificar casi nada, experimento ahora la vida de otra manera: sin expectativas creadas. Un día planifico ir con una amiga a una película, nos resulta aburrida, nos salimos antes del final y acabamos charlando, tomando café y disfrutando de una magnifica luna llena. Un sábado me levanto, de forma imprevista voy a tomar el sol con mi pareja, me encuentro un paisaje otoñal maravilloso, una temperatura ideal con una suave brisa perfecta, y acabamos comiendo en un sitio al que, inicialmente, nunca habríamos pensado ir y que me encanta, unas setas a la plancha riquísimas (¡antes no me gustaban las setas!). Me encanta vivir sin crearme expectativas, es mucho más divertido y, al mismo tiempo, relajado.

Cuando no nos creamos expectativas no vamos con ninguna programación en la cabeza, cualquier cosa que ocurra puede ser una sorpresa, y disfrutamos más de los detalles del momento. Y puede que me digas que no es posible improvisar continuamente, que hay un mínimo de detalles que hay que tener previsto. Y es cierto, pero realmente no son tantos. Lo que propongo es que hagas planes si te apetece, pero no elabores demasiado en tu mente lo que esperas de ellos. Sencillamente, lleva a cabo el plan y disfrútalo en actitud abierta, esperando a ver lo que la vida te trae, observando, viviendo lo que tienes a tu alrededor. Y, siempre que puedas, improvisa. Es más divertido y saludable.

 

Publicado por Maite Guerrero Briz

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¿VAS A SEGUIR VIVIENDO CON MIEDO?

Es curioso ver cómo en un mundo en el que tenemos tantas cosas, vivimos con tanto miedo. Tanto miedo que nos hace enfermar. No dormimos bien, tenemos ansiedad, depresión, estrés, hipertensión, problemas digestivos… Y no tenemos miedos sencillos, no es el miedo que pueda tener la cebra ante la amenaza de un león, que desaparece cuando desaparece el león. Son miedos que permanecen en el tiempo, que están siempre presentes, y nos acostumbramos a ellos tanto que ni los percibimos, y van minando poco a poco nuestra salud física y mental.

Como el miedo a perder, porque creemos tener tantas pertenencias que pensamos que es horrible perderlas, y entonces nuestro corazón se vuelve prisionero de ellas. Dicen que tiene menos miedo el que menos tiene, porque no tiene miedo a perder.

O el miedo al cambio, porque el cambio siempre da miedo, incluso cuando es a mejor, que hace que aguantemos en trabajos que no nos gustan, en relaciones que nos esclavizan, que no nos atrevamos a iniciar una actividad nueva por mucho que nos apetezca…

El miedo a equivocarnos, cuando los errores deberían ser los verdaderos motores de nuestro aprendizaje vital. Hay un refrán que dice “el que tropieza y no cae, adelanta camino”. Pero es que incluso cuando tropezamos y caemos, tenemos la oportunidad de volvernos a levantar, seguro que habiendo aprendido algo. Y aún más, si volvemos a tropezar y a caer, tenemos una nueva oportunidad de levantarnos reforzados. No es malo arriesgar y equivocarse, peor es la inmovilidad por no atreverse a hacer cosas y quedarse con las ganas.

El miedo a que piensen mal de nosotros, que hace que no nos atrevamos a ser espontáneos, que no nos comportemos como somos realmente, sino como creemos que esperan que seamos. Que hace que, en muchas ocasiones, escondamos lo más genuino nuestro, aquello que nos da autenticidad.

El miedo a entregar nuestro corazón por si nos hacen daño, recordando las veces que nos han dañado en el pasado. Vivimos precavidos, en alerta, y nos colocamos una armadura que acaba impidiéndonos sentir.

Y el más duro, el miedo a la muerte, cuando la muerte es una constante en nuestra vida, algo implícito a ella, que tiene que ocurrir y ocurrirá. Pero darle la espalda a ese miedo, negarnos la existencia de la muerte, hace que se convierta en un fantasma en nuestro interior, y, sin darnos cuenta, tampoco nos atrevemos a vivir, a vivir el momento actual en plenitud, no hacemos cosas “por si pasa algo malo”, y nos perdemos la vida.

¿Reconoces algunos de estos miedos en ti? Puede que si buscas encuentres éstos, e incluso algunos más que no he puesto en este post. No pasa nada si los reconoces, es más, es lo mejor, porque están ahí, son tuyos, y cuanto antes te des cuenta de ello y lo aceptes, será más fácil dejarlos a un lado y empezar a vivir. Porque cada día que vives con miedo, es un día que no estás viviendo en libertad, que no estás viviendo en plenitud.

Publicado por Maite Guerrero Briz

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CARTA AL MÉDICO DE UN PACIENTE CON CÁNCER

Cuando me formé como Médico de Familia aprendí mucho sobre comunicación con el paciente, recibí cursos sobre cómo dar malas noticias, entendí que era importante desarrollar la empatía, equilibrándola con la distancia emocional necesaria…

Cuando además me convertí en paciente, vi que todo eso que había aprendido estaba muy bien, pero había cosas importantes que nadie me había dicho explícitamente en aquellos cursos, y que me gustaría ahora compartir. Por eso dirijo ahora esta carta a mis compañeros médicos que tienen la responsabilidad de atender al paciente con cáncer, ya sean oncólogos, médicos de familia o de cualquier especialidad, explicando aquello que como médico he aprendido después de ser paciente.

 

Querido compañero:

En este momento estás tratando a un paciente con cáncer. Tienes a una persona que tiene delante, probablemente, el reto más importante de su vida, y tu papel es ayudarle a transitar por este camino que ninguno de los dos sabéis lo que deparará. Sé consciente de tu papel fundamental en este momento de la vida de esta persona, eres su referencia, su esperanza o desesperanza, su soporte. Lo que hagas o digas puede cambiar completamente la manera que tenga tu paciente de vivir su enfermedad.

Hazle ver que vas a estar a su lado en todo momento. Con frecuencia tendrás delante de ti a una persona asustada, derrumbada, desorientada, perdida…, y necesita saber que no está, ni estará, sola. Mírale a la cara, conecta con su mirada, no la rehuyas, ni siquiera cuando a veces te sientas impotente. Sonríele, transmítele afecto. El abrazo de una mirada sincera es la mejor comunicación. Cuida tu lenguaje no verbal, y ten en cuenta que tu paciente no busca tu lástima, sino tu colaboración y comprensión.

Nunca quites la esperanza a tu paciente, no sentencies, procura no hablar de estadísticas ni de plazos de forma rotunda. Tu palabra tiene un poder que ni tú mismo conoces. Apoya la esperanza de quien tiene la ilusión de luchar por su curación o por vivir mucho tiempo a pesar de la enfermedad, aunque creas que el camino es difícil. Porque nadie, nadie, puede predecir el futuro. Si tu paciente te lo pide, puedes informarle de la gravedad de su situación sin necesidad de poner plazos o decir números que en realidad no tienen sentido.

Al mismo tiempo, acompaña y respeta al paciente que se ha dado por vencido, que ya no desea luchar más. Es una decisión tan válida y tan valiente como la de seguir luchando. Haz lo necesario para quitarle todo el sufrimiento posible y dar luz a los días que le queden.

Ten cuidado con las palabras que empleas o el modo en que las usas, las mismas cosas se pueden decir de manera que no asusten, que no bloqueen la capacidad de reacción de la persona. Mantén una actitud de escucha, también cuando des información. Ve dándola poco a poco, dosifícala para que vaya asimilando. Incluso espera que sea el paciente el que te vaya preguntando. Ten en cuenta que, cuando el enfermo está delante de su oncólogo, su capacidad de concentración y de comprensión es mucho menor de lo habitual, y es muy frecuente salir de la consulta diciéndole al familiar: “¿y qué me ha dicho?”. A mí me ha pasado, y soy médico.

No infravalores el poder de otras terapias que esté haciendo el enfermo. Si tu paciente te pregunta sobre un tema que no conoces, dile que no lo sabes, incluso intenta averiguar algo sobre el tema si te apetece, pero no eches por tierra algo que, sin saberlo, puede resultar una esperanza real de mejora para el paciente.

Trata bien a los familiares, ellos son el verdadero soporte de tu paciente y también necesitan ser cuidados.

Puedes aprender mucho de tus pacientes, aprovecha este momento, ellos están recorriendo un camino en el que tú puedes verte en cualquier momento, y haber estado a su lado puede ser para ti una verdadera fuente de sabiduría, de la de verdad, de esa que no está en los libros.

Publicado por Maite Guerrero Briz

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UN PEQUEÑO EJERCICIO

Quiero tratar de enseñarte un pequeño ejercicio que a mí me ha ayudado mucho y que me encanta hacer, que aporta mucha serenidad y veo muy útil para acercarse a la práctica de meditación y mindfulness. No necesitas mucho tiempo, un minuto si no tienes más.

Aprovecha un momento en el que estés en un sitio agradable, especialmente si es al aire libre, con buena temperatura. Puede ser un parque, el campo, el mar, o la terraza de tu casa. Según lo que te apetezca, puedes aprovechar para tomar el sol o que te dé el frescoatardecer.

Ponte en una posición cómoda, procurando estar con la espalda recta.

Fíjate en algo que te llame la atención, algún objeto que tenga un movimiento monótono y repetitivo. La hoja de una planta movida por el aire, o el romper de una ola en la orilla por ejemplo. Centra tu atención en ello y, mientras tanto, observa tu respiración. ¿Es pausada, es rápida…?, intenta hacerla poco a poco cada vez más profunda, llevándola hacia abajo, hacia el abdomen.

Empieza a prestar atención a tus sentidos: A lo que se oye, a todo lo que se oye. Si te das cuenta, poco a poco irás percibiendo sonidos a los que antes no prestaste atención: el canto de un pajarillo, una conversación a lo lejos, el ladrido de un perro…

Presta atención a lo que sientes en la piel: el calor del sol, una brisa de aire fresco sobre la cara…

Atiende a lo que detecta tu olfato, es posible que haya algún olor que te estabas perdiendo…

Intenta prestar atención a todo al mismo tiempo, el tiempo que puedas…., ¿qué notas?,  ¿te encuentras bien?, ¿notas una sensación de paz? ¡Bien!, ¡lo has conseguido, ahora sí!. Estás aquí, y ahora, estás plenamente presente en este momento.

No pasa nada si el momento dura muy poco. De hecho a veces, al principio, es posible que sólo notes la quietud unos segundos, o que te hagas un lío y te distraigas. Si te distraes enseguida, no pasa nada, es normal, puedes volver a tratar de centrarte y seguir con el ejercicio. Pero si sigues probando, cada vez será más fácil, cada vez querrás hacerlo más veces. Sólo prueba a hacerlo, y, si quieres, cuéntame cómo te ha ido.

 

Publicado por Maite Guerrero Briz

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LA VERDADERA SABIDURÍA

A lo largo de este último año y medio he tenido tres ingresos hospitalarios, en los cuales he tenido la suerte de compartir el tiempo, las penas y las alegrías con personas muy agradables. Es muy interesante ver los lazos que con frecuencia se establecen durante las estancias hospitalarias. Lazos de apoyo, de intercambio de vivencias, de compañía y ayuda. En uno de ellos coincidí con una señora, de unos 80 años, había tenido varios ingresos y me los explicaba, dejando al final un regusto de aceptación y amor. Era una mujer muy risueña, y se reía mucho con las bromas que le gastaba su hijo y cuidador, tanto que luego ella misma decía “¡no debería reírme tanto, que se van a creer que no estoy mala!”. No podía remediarlo, disfrutaba los momentos. Ella, después de un montón de años de vida y muchas experiencias, era toda una maestra…, o al menos lo fue para mí. Una de las cosas que aprendí de ella fue la aceptación, que ella me explicaba como si le hablara a una niña pequeña. “Esto es muy fácil, cuando toca el disco de reír, te ríes; cuando toca el disco de llorar, pues lloras; cuando toca el disco de amén, pues amén. O, como decía mi difunto esposo: “si te llega el pez por la cabeza, te lo comes por la cabeza, y su te lo tomas por la cola, te lo comes por la cola.””

Llevo años tratando de reconocer en mí la necesidad excesiva de control, de cultivar la aceptación y la paciencia, la confianza y el dejarse llevar…, tantos maestros he tenido y tantos libros he leído, tanto he meditado sobre ello…, y esta fue la forma más fácil que he encontrado de expresar la aceptación, con palabras que se entienden, con sabiduría del día a día. En ese momento me di cuenta. Me había complicado la vida durante mucho tiempo, todo es mucho más fácil.

Y es que la verdadera sabiduría es esa, la que todos podemos entender, la que se expresa así de fácilmente.

 

Publicado por Maite Guerrero Briz

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